He querido comenzar este 2013 con un post que tenía entre el tintero hace unos meses fruto de una de las tantas reflexiones a las que llego con mis estudiantes sobre el papel estratégico de comunicador en las organizaciones.

La reflexión la publiqué en un tweet en Noviembre, no es propia, corresponde a una fórmula que leí en uno de mis libros de consulta*. Sin embargo, y como muchas ideas, hay que sacarlas de los libros, de las teorías y darles vida en nuestro diario accionar.

 

En muchas de mis clases o charlas con colegas nos cuestionamos qué estamos haciendo los comunicadores para contribuir a la productividad, competitividad y en últimas, al éxito de las empresas, y por supuesto, al de su recurso más valioso, el capital humano.  De alguna manera, yo siempre llego a esta conclusión: todo se centra en el individuo, el aprendiz, el profesional que por años se le ha exigido tener impecable redacción, ortografía y riqueza léxica, claro, esto habla muy bien de su nivel cultural, de su profesionalismo, etc. No obstante, a los comunicadores no se les enseña a escuchar, a ser asertivos, empáticos, a abrirse camino en la complejidad de la red de relaciones que necesita para triunfar con liderazgo e inteligencia emocional.

La academia sigue empeñada en entregar paquetes de datos y “conocimiento” al estudiante que se hace profesional alimentando su intelecto pero no desarrollando habilidades que le permitan ser una mejor persona, de alto desempeño y competencia social que contribuya positivamente a la sociedad para transformarla, replantearla si es necesario con ética y responsabilidad social.  Estoy segura que en muchas ocasiones hemos conocido personas muy “brillantes” pero con poca empatía y capacidad para concretar sus metas porque no saben relacionarse inteligentemente con las personas.

Sin profundizar en cada variable, todos reconocemos a Daniel Goleman como el padre de la Inteligencia Emocional (IE) que no es otra cosa que tener “la habilidad de manejar y controlar nuestras propias emociones y nuestro potencial interior para mantener relaciones positivas”. Sin más ciencia, la IE, basada en el autoconocimiento, la autorregulación y la motivación, permite al líder, al comunicador, a Usted, vivir en coherencia, como siempre lo he dicho y he insistido en ello, le permite sentir, pensar y actuar coherente y asertivamente en determinadas situaciones que requieren un alto control de sus emociones.

Por otra parte y aunque son varios los autores que han hablado de la Inteligencia Social (IS) podríamos mencionar a Throndike, al mismo Goleman y a Howard Garner, más reconocido por las famosas inteligencias múltiples. Sin ir más allá, la IS refiere a la habilidad para relacionarse e interactuar con los demás y el entorno de manera que podamos convivir y construir de manera sana y colaborativa. En otras palabras, lo que promulgamos muchos como aprendizaje y construcción colaborativa, participativa, donde realmente lo colectivo se destaque y  la responsabilidad social y nuestro compromiso como ciudadanos cobre sentido.  Aquí en esta categoría también aplica, el saber elegir las personas con las que trabajamos; sin duda una persona tóxica no será una buena decisión a la hora de sacar adelante proyectos dentro o fuera de la organización, en nuestras vidas, en la relación de pareja, etc.

Finalmente, la explosión de la tecnología y de la comunicación mediada por las TIC ha logrado reducir en gran medida la comunicación interpersonal; cada vez hablamos menos por teléfono, nos vemos menos y en cambio un chat, un email o un mensaje en una red social se volvió el día a día, incluso dentro de las organizaciones. La Inteligencia comunicativa en este escenario cobra un mayor sentido en ese ejercicio necesario y estratégico de construir redes (CR), de cerrar negocios, de comunicar y motivar al capital humano. El reto del comunicador acá es mayúsculo cuando se trata no solo de ser meramente informativo, sino que sea un integrador de procesos y objetivos que maneje con inteligencia y asertividad la identidad y reputación organizacional, que sea un relacionista de públicos con resultados gana-gana que favorezca a la organización, a los grupos y al individuo.

El comunicador organizacional es por excelencia un líder integrador que sabe aplicar la fórmula IC=IE+IS*CR, ah y si les sirve de paso, un buen Community Manager o estratega social media debería aplicarla también ;)

Fuente:

Comunicación Empresarial. 2011. Ecoe Ediciones.

 

 

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